domingo, 10 de agosto de 2008

San Isidro Labrador



San Isidro, nace en Madrid España probablemente en el año de 1082, se desconoce el nombre de sus padres debido a que ellos no pertenecían a la alta sociedad, pero se sabia que eran cristianos y de convicciones religiosas profundas, las cuales le supieron transmitir a su hijo Isidro. Fue un hijo ejemplar y siempre le fue fiel a Dios; aprendió a labrar la tierra y se empleo en una hacienda, todos los días antes de ir a su trabajo siempre escuchaba misa y le daba gracias a Dios por su trabajo y por las maravillas que el campo producía. En el año de 1108, conquistaron Madrid e impusieron el dominio mahometano, por lo que muchos cristianos abandonaron la ciudad, huyendo hacia el norte. Uno de ellos fue Isidro que se refugió en Torrelaguna. Allí se ajustó con un vecino del pueblo como criado de labranza y hecho el convenio, comenzó a labrar las tierras de su nuevo amo. Al poco tiempo se conoció las mejoras de la hacienda, luciendo maravillosamente en las cosechas y en los ganados, el trabajo y cuidado del nuevo labrador.
En Torrelaguna conoce a Santa María de la Cabeza su esposa, quien era una moza bien criada, honesta, guapa, de mucha virtud y era devotísima de la Virgen María, a quien visitaba frecuentemente en su ermita. Antes de casarse, los dos acudieron a la oración encomendando a Dios sus destinos, y sólo después de una reflexión madura por ambas partes, decidieron unir sus vidas para siempre.
Hacia el año 1119 regresa Isidro con su esposa a Madrid y allí se pone a las ordenes de los Vargas, quienes les ofrecen una casa vieja para vivir. En esta casa les nació un hijo, a quien le impusieron el nombre de Juan. Vivía muy feliz la pareja con su hijo, pero sucedió que un día el niño cayo a un pozo muy profundo, su madre se encontraba sola y no sabia que hacer, cuando regresó Isidro del campo los dos se pusieron en oración pidiendo a nuestro Señor que por su Santísima Madre les consolara en aquella aflicción, y conforme ellos hacían oración, las aguas del pozo iban creciendo y subiendo, hasta que llegaron a la parte superior del pozo. Encima de la superficie de ellas, subió el niño, vivo, risueño y jugando con el agua. A este acontecimiento se le conoce como el milagro del pozo. Desde entonces, Isidro dedicó más tiempo a la oración, pues no sabia otra forma de agradecerle a Dios el milagro que hizo con su hijo, a pesar de que Isidro pasaba mucho tiempo en el templo haciendo oración, el campo que el labraba no estaba descuidado, sino todo lo contrario, las tierras que el trabaja producían mucho más que las de sus compañeros, por lo que muchos empezaron a tenerle envidia y un cierto día acudieron con el amo para acusarlo de que se la pasaba más de medio día en la iglesia y que ya llegaba muy tarde a trabajar. El amo quizo comprobar si era cierto lo que le estaban informando, por lo que al otro día muy temprano se dirigió hacia las tierras que Isidro trabajaba y al comprobar que él se presentaba en el campo después del medio día, se puso furioso, pero cuando se dirigía a reclamarle pudo ver como otras dos yuntas guiadas por ángeles le ayudaban a arar la tierra. A este acontecimiento se le conoce como el milagro de los ángeles arando.
Isidro fue un laico comprometido, casado, padre de familia y trabajador asalariado como tantos millones en nuestro mundo. Los milagros que leemos en su vida son lo secundario. Dios los realiza normalmente para bien de terceros. Isidro levantó su santidad sobre esencias evangélicas: la oración, el trabajo y la caridad. Él poseía un alma grande; estaba dotado de una riqueza de vida interior realmente sorprendente. Se tomo en serio el evangelio y lo vivió con la mayor intensidad posible, aplicándolo a todos los detalles de su existencia.
Isidro murió en el año 1172 a la edad de 90 años. En la actualidad su cuerpo se conserva incorrupto en la catedral de Madrid encomendada a su intercesión.

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